El martes 16, fuimos con
Fernando, Pablo y un amigo de ellos del cual no recuerdo el nombre a ver, gracias al
IES, la Orquesta Metropolitana de Córdoba con su presentación “DEL BARROCO a La Suite del Film EL SEÑOR de Los Anillos”.
La verdad que estuvo muy bonito, el teatro lleno, mucha gente joven, y con la suerte que en la casi hora y media que duro el espectáculo, no sonó un solo celular.
La verdad que más allá de la música, que fue indiscutible, cuando estaban ejecutado en escena más de 35 músicos la misma pieza con una precisión asombrosa, me produjo una envidia (positiva) sobre algo que me gustaría, se de en todos los ámbitos.
Allí, estaban instrumentos de gran presencia como violines, contra bajos, un piano que sonaban a lo largo de cada pieza, pero también estaban los instrumentos de orden menor que sonaban muyyy cada tanto, como un pequeño flautín que tocaba una hermosa mujer vestida de negro con una infinito escote, o como un plato gong que debe haber sonado 7 u 8 veces nada más.
El hecho es que, mas allá que sonaban esporádicamente, la presencia que tenían era tan importante con el constante sonar de un trombón.
No se trataba del concierto de los violines, ni de la faustuosa presentación de los cellos, si no la impresionante disciplina de una ORQUESTA, esa fantástica formación de GRUPO, esa envidiable actitud en donde el todo, y no las partes son las que importan.
En estos foros, no cabe la mezquina vanidad, ya que el instrumento deja de ser un violín, un cello, una viola o un contra bajo, para convertirse en un único instrumento en escena: LA ORQUESTA.